La literatura no justifica la violación moral de las víctimas
La primera página del diario El País (05-11-2011) mostraba la foto de la viuda de José Javier Múgica manteniendo la mirada a los asesinos etarras, un acto de auténtica valentía. Desafortunadamente, en un recuadro superior de la misma página anunciaba un contenido de Babelia: Peter Handke en otro tiempo. El autor rompe el silencio tras su posición sobre Serbia.
La foto de Handke aparece en la portada del suplemento literario y una entrevista con este defensor de los asesinos de niños, mujeres y ancianos en Sbreniza, que además, y resulta habitual, se luce atacando las instituciones legales de Occidente.
La literatura no justifica la violación moral de las victimas de crimenes contra la humanidad.
(Recomiendo la lectura de mi reseña a los dos últimos libros de Handke en El Cultural (14-10-2011)
noviembre 9th, 2011 at 1:37 pm
Demoledora la reseña de ‘Preguntando entre lágrimas’; algo similar aparece en la de ‘Don Juan’, de hace ya algunos años.
Qué difícil es disociar talento y ego; en ocasiones, podemos aceptar la mayor falacia, si llega bien adornada.
noviembre 9th, 2011 at 3:09 pm
Hay demasiados escritores de lengua alemana, Heidegger, Günter Grass, Jelinek, y Handke, que se creen con derecho de hacer y decir lo que les viene en gana, incluso si resulta moralmente repudiable, escudándose en la literatura.
noviembre 10th, 2011 at 9:46 am
En el caso de Grass, ni siquiera hace falta la literatura como escudo: basta con el márketing. ¿Qué sentido tiene, si no, desvelar sus ‘pecadillos de adolescencia’ y pretender salir incólume, después de décadas señalando la paja en el ojo ajeno?
Coincido plenamente en tu apreciación sobre ese póker alemán. Quizá se hayan acabado creyendo su papel referencial de ‘intelectuales’.
noviembre 10th, 2011 at 10:37 am
Creo que la cultura alemana del 1800 al 1930 es espectacular en todo, música, filosofía, literatura, pintura, arquitectura, pero en la posguerra utilizan el arte para ocultar sus verdaderas convicciones.
Y no mencioné en la lista a los escritores del Este, como Christa Woolf, que traicionaban a sus compañeros.