Primer propósito del 2012
La pausa de Navidad y Año Nuevo me permite cada año encontrarme con amigos, comer, cenar más de la cuenta, leer libros, ir al cine. Todo ello estupendo, pero al final del período siempre me siento un poco vacío, y no por padecer el síndrome posvacacional, sino a causa de la falta de solidaridad con que actúo por estas fechas.
Los literatos solemos ser especialmente insolidarios. Traduzco, pues, mis remordimientos en una promesa: subir durante el 2012 el volumen de mis exigencias en favor de una literatura fuerte y sana, y que como la educación, exhiba un componente social.