La política cultural española en el exterior está mostrando su inefectividad. Parece que ha sido un fracaso, y por ello debe ser revisada a fondo. Los españoles gastamos mucho dinero en presentar nuestras artes y letras a los extranjeros. Nos valemos del Instituto Cervantes, de las Agregadurías Culturales de la Embajadas, de subvenciones de todo tipo, e incluso contamos con la contribución de los esfuerzos de las Autonomías en diversos países.
Llegó el momento de cambiar de cara, de ofrecer una más agresiva, pues la crisis económica ha desenmascarado la faz más cínica de los países del norte de Europa, que de nuevo vuelven a hablar del cinturón del ajo. En Holanda la ofensiva contra España es tan fuerte, que incluso el periódico más importante, NRC Handelsblad , dedica con regularidad un artículo o más a atacar a España y a situarla al lado de Grecia. De Grecia, por cierto, se dicen las más absolutas falsedades, como que la gente se jubila a los 53 años, lo cual es incierto. En Grecia uno se jubila tras haber trabajado 35 años –si uno inicia su vida laboral a los 18 años en teoría sí es posible retirse a los 53.
Volviendo a Holanda y al NRC Handelsblad, diré que el jueves 29 de abril en la primera plana se leía en grandes letras que El pánico europeo salta a España. el artículo iba ilustrado con un mapa a color de Europa, y acompañado de estadísticas, el instrumento más segura para atribuirte la verdad sin necesidad de certificarla. Aprovechan la rebaja de valor crediticio de nuestra deuda nacional, anunciado por Stantard&Poors, por cierto, los que no vieron venir la crisis, para llevar el nombre de España a los titulares, aunque el artículo en realidad viene dedicado casi exclusivamente a tocar el pandero griego. El viernes 30 de abril en el mismo periódico aparecieron sendos artículos de Merijn de Waal y de Steven Adolf, el actual y el anterior corresponsal del periódico en España. El primero escribe sobre el efecto dominó, que España puede caer tras Grecia; el artículo de Adolf, ilustrado a todo color con el dibujo de un toro y su torero, muy al tenor de cuanto escribe este señor sobre nuestro país. Son gentes que viven o han vivido en la península ibérica y fueron incapaces de entender nuestra cultura.
¿Por qué? La primera razón es el prejuicio hacia todo lo español. Lo malo es que no sabemos combatirlo de manera eficaz. Hace tiempo que pido un cambio de política de los Institutos Cervantes, que no deben ofrecer sólo una cara sonriente, organizar actos amables con traducción simultánea, sino actuar con mayor decisión en la defensa del español. El norte de Europa, Holanda y Alemania que yo sepa, están despertando el yo frente al vosotros, que tan fatales consecuencias ha tenido a lo largo de la historia. Ambos países han sido brutales agresores en el exterior. Y la prensa les está allanando el camino.
¿La verdadera razón? La económica. Lo que es malo para Grecia, para España, es bueno para Alemania y Holanda. El interés que pagan en su deuda, la holandesa y la alemana, baja. Al asustar por medio de toda clase de trucos, el papel de la deuda de los estados holandés y alemán, cada vez es más deseado, porque el español no para de ser ensuciado en la prensa, en la radio, en la televisión, y los inversores prefieren pagar menos intereses, el quid del asunto, buscando un puerto más seguro.
Los corresponsales son, quizás sin saberlo, complices de esta operación de reavivar los antiguos prejuicios para sumarlos a las dificultades reales de nuestra economía. Falta la solidaridad, y por ello, la política cultural debe cambiar, hacerse más agresiva.